LA SALUD Y LOS ESPACIOS VERDES URBANOS
| Heraldo de Aragón 20260725 |
Interesa
la disponibilidad de espacios verdes. Pero es necesaria también su adecuada
distribución en la superficie urbana para que el beneficio llegue a todos.
Adelante pues con el proyecto del Huerva, de Arcosur, de Las Fuentes y otros.
En el diseño de nuestras ciudades tienen muy en cuenta los profesionales la proporción de espacios verdes urbanos, así como su adecuada distribución en la superficie de la ciudad, entre otras razones, por la influencia de tales espacios sobre la salud de los ciudadanos.
El interés es doble: por una parte, la población urbana aumenta y se espera
que para el año 2050 alcance los 6.700 millones de habitantes (Rugel, EJ y
colaboradores, 2022). Por otra parte, durante estos últimos años hemos ido
conociendo la influencia saludable de la vegetación urbana en relación con
enfermedades comunes en nuestra sociedad, como la obesidad, la diabetes, o el
ictus, (Scheer, C. y cols., 2024).
De forma especial interesa el grupo de enfermedades que afectan al corazón
y al conjunto del aparato circulatorio, ya que siguen siendo una de las causas
principales de enfermedad y muerte en el mundo.
En el último número de la Revista Española de Cardiología
(Junio, 2026), se exponen los resultados de un estudio de observación (dirigido
por el Dr. Park, S. J.) sobre 74.925 personas voluntarias, de edades
comprendidas entre los 20 y más de 60 años (siendo los de más de 60 el 26,6 %
del total) y tras revisar sus datos médicos desde el año 2011 al 2019 el
resultado fue que el riesgo de enfermedad cardiovascular era significativamente
menor entre los grupos de personas que vivían con mayor cobertura de espacios
verdes.
El efecto beneficioso asociado a la cercanía de espacios verdes, según los
propios investigadores que llevaron a cabo este estudio, podría deberse a
diversas causas. Así, es posible que la facilidad de acceder a un espacio verde
urbano invite a desarrollar actividad física y, como sabemos, la práctica
continuada de actividad física (adecuada siempre a cada persona y sus
circunstancias) reduce la obesidad y el riesgo de enfermedades del corazón
(Swift, D. L. y cols., 2018).
Otro posible mecanismo que podría explicar el beneficio de los espacios
verdes urbanos es que estos facilitan la reducción del estrés (Triguero-Mas, M.
y cols., 2017) y promueven la interacción social, todo lo cual contribuye a
mejorar la salud mental, lo cual acaba favoreciendo también la salud del
corazón.
Pero además del beneficio para la salud de las personas, hay que considerar
que los espacios verdes urbanos favorecen la vida sana de la comunidad.
Recientemente el famoso arquitecto Carlo Ratti, dialogando en Zaragoza sobre el
urbanismo del siglo XXI añoraba las urbes «pensadas para una comunidad de
ciudadanos» (H. A., 20-6-2026), como las inspiradas en la antigua Roma, y echaba
de menos las plazas públicas como lugar de saludable reunión; lo que nos lleva
a pensar si podrían asumir hoy los espacios verdes bien diseñados esa función
de lugar de sana convivencia, que el famoso arquitecto echa en falta.
Otros efectos favorables para la comunidad son la atenuación del efecto de
cambios de temperatura, la amortiguación del ruido ambiental o la reducción de
partículas, contaminantes de la atmósfera, que se depositan en las superficies
de la vegetación.
Interesa la disponibilidad de espacios verdes. Pero es necesaria también su
adecuada distribución en la superficie urbana para que el beneficio llegue a
todos. Un reciente reportaje (H. A. 21-6-2026), explicando el trabajo del
profesor Ángel Pueyo sobre la situación en Zaragoza, señala que un 66 % de
zaragozanos «tienen parques a menos de 300 m», situación que sería deseable,
según la OMS, para todos los vecinos.
Adelante pues, con el proyecto del Huerva, de Arcosur, de Las Fuentes y
otros para que los espacios verdes urbanos sean fuente de salud, que llegue a
todos los ciudadanos. Los beneficios de la salud son auténticos bienes, si
mejoran solidariamente a todos.
Pedro Cía Gómez es catedrático de Medicina Interna de la Universidad de Zaragoza
El presente artículo fue publicado el sábado 25 de julio de 2026 en Heraldo de Aragón y lo transcribimos íntegro por su interés.
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