LAS ORILLAS DEL CANAL IMPERIAL EN ZARAGOZA

El Canal en Valdefierro © Canal Imperial Natural

 


Después de tres meses en Cambrils, he regresado a Zaragoza.  He ordenado el equipaje, realizado las llamadas más urgentes y he salido de casa. He comenzado mi primer paseo por tus orillas. Decir el primero es una frase hecha porque a lo largo de cincuenta años,  acompañada de mis perros y actualmente sola, he recorrido tus orillas admirando tu belleza…

Empiezo mi paseo viendo la Fuente de los Incrédulos y vuelvo a leer su inscripción que dice “Para convencimiento de incrédulos y alivio de caminantes”. Las obras comenzaron en 1776 y terminaron en 1790 bajo la dirección de Ramón Pignatelli. El Canal recorre 110 kilómetros paralelo al río Ebro suministrando agua a, aproximadamente, 26.824 hectáreas de tierra fértil, pero seca; a continuación veo los depósitos municipales de Casablanca, el lago, y sigo hacia el barrio de Valdefierro y su embarcadero.

El Canal, aparte de su utilidad es una belleza. Sus árboles son variados y contribuyen a la biodiversidad del área. Hay álamos, formando parte del bosque de ribera, plátanos de sombra, chopos incluyendo un árbol singular catalogado por el Ayuntamiento de Zaragoza cerca de las esclusas de Casablanca, fresnos -que en algunas zonas pueden ser monumentales, pinos carrascos, olmos, y todos ellos ofrecen un hábitat especial para diversas especies de aves y mamíferos.

En mis paseos miro y observo los patos  y, sobre todo, sus crías, no hay nada más hermoso que ver a la mamá pata seguida en línea recta por sus polluelos. Se cobijan entre las cañas y maleza situada en sus orillas. Por eso a mi regreso me ha entristecido profundamente ver las riberas con una mínima vegetación. La cortadora inmisericorde ha dejado sus orillas peladas, sin cobijo para los animales.

Me encanta en mi paseo observar la forma de los chopos que, debido a su antigüedad, tienen formas singulares y parecen esculturas. Los conozco a todos, y hace tres primaveras a uno, extraño y seco, en su anciano y carcomido tronco, le salieron unas ramitas verdes que me emocionaron y me recordaron la poesía de Machado:

“Al olmo viejo, hendido por el rayo

Y en su mitad podrido,

Con las lluvias de abril y el sol de mayo

Algunas hojas verdes le han salido…

He esperado, anhelante, que llegara la primavera y, otra vez, se produjese el milagro, pero estos dos últimos años ningún signo de vida ha aparecido en el tronco de mi viejo amigo. Ha muerto. El Canal ha perdido a uno de sus primeros compañeros que dio sombra a paseantes y cobijo a las aves que anidaron y se resguardaron entre sus ramas.

Te doy las gracias anciano chopo. Cumpliste con creces en tu paso por la vida. Seguirá tu tronco erguido, aunque las hojas no adornen tu cabeza. El que su silueta me emociona y me recuerda que en un tiempo fuiste hermoso. Ahora, como una lección que tenemos que aprender, has muerto, pero no has desaparecido. Tu silueta seguirá meciéndose en las aguas del Canal, oirás los cantos de los pájaros y habrá personas que añoren tu antigua belleza ¡¡¡Eres mi preferido!!!

Pilar González Usón

Escritora 

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