PINOS QUE UNEN PERSONAS
Caminando por el Canal el otro día me topé con tres mujeres jóvenes. Paseaban con un carrito de bebé y un perro. Nos pusimos a hablar y me contaron que venían de estar en el “Pino Secreto”. Pregunté sorprendida y curiosa dónde se encontraba este árbol. Las tres sonrieron y me dijeron evasivas: “por aquí cerca, en el Canal”.
Me contaron que su madre las llevaba allí de excursión cuando eran pequeñas. Primero, andando, muy a regañadientes porque estaba algo lejos de casa, y el llegar hasta este árbol era todo un reto. Luego, más adelante, ya fueron en bici o caminando, entonces sin problemas ni quejas porque llegar era un mero paseo agradable. Allí llevaban la merienda, se sentaban junto al árbol y hablaban y descansaban. Era un lugar de encuentro.
“Quedamos en el pino secreto”, “te espero en el pino secreto”, “vamos a ver cómo está el pino secreto, que hace tiempo que no nos acercamos a verle”... Ahora, una de ellas ha tenido un bebé y acude allí a pasearlo en el cochecito. Intuyo que en el futuro también le hablará a su pequeña criatura del Pino Secreto.
Seguí paseando por la zona y no podía dejar de preguntarme cuál de los pinos que veía sería el Pino Secreto. Da igual, todos podrían serlo. Estas mujeres, desde niñas, han incorporado este árbol a sus vidas. Quiero pensar que ha servido para unirlas y para que valoren más todo lo que estos grandes seres vegetales puedan aportar a los seres humanos. Podemos establecer muchas conexiones con los otros seres vivos que nos rodean y sentí que ellas lo habían hecho con este pino del Canal.
Me fui a casa deseando que estas tres mujeres, sigan teniendo, disfrutando y visitando muchas veces a su querido árbol, su Pino Secreto, y que, de alguna forma, sigan compartiendo sus vidas con este árbol del Canal Imperial que sólo ellas parecen saber dónde vive.
M. C. Sáenz de Sta. María
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