EL BOSQUE DE LOS ZARAGOZANOS SE BURLA DE LA CIENCIA EN PUERTO VENECIA

Vista general de la zona este de la plantación. Tres laureles y un árbol
 sin determinar -probablemente morera- en primer plano ©  JAD


La restauración de un talud abandonado en Parque Venecia en la margen derecha del Canal Imperial por parte del ayuntamiento de Zaragoza dentro del proyecto Bosque de los zaragozanos ha supuesto una nueva burla a los criterios de renaturalización y restauración ambiental a pesar de que el proyecto cuenta con la Fundación Ecología y Desarrollo (ECODES) como socio estratégico.

[...] La intervención ha supuesto la renaturalización efectiva de una superficie total de 21.742 metros cuadrados. La selección de especies vegetales se ha basado en criterios de adaptación climática (resistencia a la sequía y a las condiciones de Zaragoza), bajos requerimientos de mantenimiento y alto valor ecológico (capacidad de atraer fauna)[...] (1). 

Vendido desde el ayuntamiento como un precioso trabajo de renaturalización no deja de ser una mezcla de árboles y arbustos dispares, la mayor parte ajenos a la flora de Zaragoza, de Aragón o de España, notándose especialmente la ausencia de árboles y arbustos propios de la zona.

Se entiende como renaturalización devolver su carácter natural a un espacio. De hecho, la Real Academia Española define el adjetivo natural como nativo de un lugar y lo da como sinónimo de nativo, indígena o autóctono. Así que renaturalizar implica volver a poner especies autóctonas.

El ayuntamiento manifestó la restauración de la zona con especies autóctonas como almeces, fresnos, sabinas y lentiscos pero, sorprendentemente, también árboles ajenos a la flora ibérica como las moreras y los melias, de origen asiático, con argumentos peregrinos: Melia azedarach (Cinamomo) y Morus alba (Morera): especies de crecimiento más rápido para generar cobertura a corto plazo (1)O incluso se eligen arbustos ibéricos pero no adaptados a las condiciones del valle del Ebro como mirtos y durillos. En fin, el empleo de especies exóticas o alóctonas es contrario a la renaturalización. Así que nos acercamos a ver el panorama. 


Alineaciones de mirto común junto a la acera ©  JAD

Desgraciadamente, la magnitud del desaguisado era superior a lo previsto. El predominio de especies exóticas era absoluto. No sólo por las especies exóticas ya citadas, moreras y melias, sino por otras como Photinia (de Asia), Salvia greggii o Salvia microphylla (de Norteamérica), Teucrium fruticans, laureles y algarrobos mediterráneos, acerolos o manzanos y gramíneas que no pudimos identificar, propias de floricultura y jardinería ornamental pero no de restauración ambiental. Incluso las encinas, por el tipo de hoja, parecen ser de la subespecie mediterránea ilex y no de la subespecie de ambientes continentalizados ballota, propia de de Aragón. 

El caso del mirto es paradigmático. No se da en el Valle del Ebro y la única población en el Sistema Ibérico turolense es de dudosa naturalidad, pero el Ayuntamiento tiene fijación por este arbusto y dice: En cuanto al estrato arbustivo, se plantan 4.121 unidades, buscando crear un sotobosque denso que sirva de refugio y nidificación. Destacan especies mediterráneas perennifolias como Pistacia lentiscus (Lentisco), Myrtus communis (Mirto) y Viburnus tinus (Durillo), todas ellas de probada adaptación a nuestro clima y valiosas para la fauna (1).


Distribución del mirto en Aragón. Atlas de la Flora de Aragón, CSIC

Especies resistentes propias de terrenos secos como sisallo, ontina, romero, tomillo, esparto, aliaga o incluso tamarices, coscojas, majuelos o rosales y zarzamoras brillaban por su ausencia en un primer vistazo que pudimos echar. Es más, se apreciaba por algún rebrote incipiente que los sisallos existentes habían sido arrasados, junto con el resto de la vegetación natural de caléndulas, gamones y moricandias.


Photinias en primer plano y detrás una sabina ©  JAD

Llama la atención el empleo de encinas extrañas a las propias de Aragón ya que parece ser que plantan la subespecie mediterránea Quercus ilex subsp ilex, propia de ambientes más amables que la encina o carrasca Quercus ilex subsp. ballota, que soporta condiciones más continentalizadas y está ampliamente extendida en Aragón aunque es bastante rara en el valle del Ebro donde las condiciones son extremas.


Hojas de las encinas empleadas en la renaturalización ©  JAD


Como ejemplo de diseño antiecológico está la muestra de la morera pendula, que no sólo es una especie asiática como hemos dicho ya sino que desde el Bosque de los zaragozanos se ha optado por la variedad pendular, artificiosa, de jardinería que supone la máxima categoría de elemento antinatural.


Morera variedad pendula ©  JAD

Las especies no nativas son un grave problema para la conservación de la biodiversidad (2) ya que compiten con las especies autóctonas por el espacio, la luz, el agua y los nutrientes. Impiden el establecimiento de las especies vegetales propias del territorio y generalmente no son reconocidas por los insectos o los pájaros. Además pueden provocar hibridaciones y algunas tienen comportamiento invasor, como es el caso de moreras, laureles y, en menor medida, los melias cuyos frutos, además de repugnantes y que no se los comen los pájaros, son tóxicos (3).


Frutos de Melia azedarach en las calles de Zaragoza ©  JAD


Por último y, también muy grave, se manda un mensaje falso a la ciudadanía sobre la composición de la vegetación local y se normaliza el uso de especies exóticas y no representativas.


J. A. D.

(2) El reciente estudio “Over 1200 Non-Native Species Are Established in the Iberian Peninsula” publicado en la revista Diversity and Distributions (disponible en: https://doi.org/10.1111/ddi.70071) advierte cómo la introducción y expansión de especies no nativas en la península Ibérica está modificando los ecosistemas locales y representa un riesgo para la biodiversidad autóctona.  El trabajo, en el que han participado científicos de España, Portugal y Andorra, ha  identificado 1273 especies establecidas, de las que el 75% son plantas vasculares e insectos. La mayoría de ellas proceden de la región del Paleártico; es decir, de Europa, las regiones templadas de Asia y el Norte de África, seguida de América del Norte y América del Sur.

(3) Están registradas intoxicaciones en personas por consumir frutos de Melia azedarach y se recomienda no ponerlos donde haya niños. La Universidad Autónoma de Barcelona refiere su toxicidad en su boletín Divulga UAB: Plantas ornamentales potencialmente tóxicas según en el estudio: «Melia azedarach como ejemplo de intoxicación accidental evitable». Nuria Giménez y Raimon Guitart. Medicina Clínica (Barcelona) 2011; 137: 519-520.







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